Victoria Villarruel y su agenda negacionista


«Quiero agradecer a mi familia, a mi padre, un héroe de Malvinas, que hoy me está mirando desde la eternidad». La frase de Victoria Villarruel, la noche del festejo por los 17 puntos obtenidos por La Libertad Avanza en la Ciudad, fue pronunciada en tono cuasi angelical, acaso contrastando con la exaltación que se vivió en el búnker del Luna Park. Comenzando por los gritos del discurso alterado de Javier Milei, y siguiendo por la inaudita escena del custodio que amagó con desenfundar un arma en medio del escenario, precisamente cuando la segunda de la lista comenzaba a hablar. No fueron, sin embargo, las únicas violencias de la puesta. La diputada electa omitió mencionar que su padre, Eduardo Villarruel, además de participar en Malvinas, fue un comando que reconoció haber «intervenido en la lucha antisubversiva, tanto en el ámbito urbano como rural», y que se enorgullecía de haber «participado activamente en la Operación Independencia» en Tucumán, tarea por la cual recibió un Diploma de Honor en 1976. Que fue acusado, además, de un intento de golpe a Raúl Alfonsín. Su tío, Ernesto, fue un oficial de inteligencia procesado en la Causa Vesubio, por haber ordenado un operativo en Ezpeleta en el que fue secuestrada una joven, luego desaparecida. Apenas recibida de abogada, Villarruel hija se volcó a la defensa de esta «familia militar» creando el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv): una más sofisticada manera de buscar impunidad para los crímenes del terrorismo de Estado, asimiliando los discursos de los organismos de derechos humanos, para plantear la búsqueda de una «memoria completa» que equipara los «crímenes del terrorismo» y pide justicia por «las víctimas militares y civiles». 
Todo parece indicar que será esta agenda, que no expuso durante toda la campaña pero sí enunció una vez electa, la que ahora viene a traer al Congreso. Héroe incompleto»Por qué Alfonsín denunció un plan para matarlo», se titulaba el artículo de El Periodista que en 1988 incluía a Villarruel padre entre los responsables de la intentona militar. En su defensa, el acusado envió una nota a su superior negando su participación en el hecho, y enumerando los hitos militares de los que se enorgullecía. Entre ellos, su participación en el Operativo Independencia y en «la lucha antisubversiva, tanto en el ámbito urbano como rural». Un año atrás Eduardo Villarruel había sido sancionado por negarse a jurar fidelidad y respeto a la Constitución Nacional, tal como establecía para las Fuerzas Armadas la flamante ley 23.463. Tuvieron que transcurrir todos esos años de democracia para que el Congreso consagrara el juramento por ley, pero un sector minoritario de la fuerza, entre los que sobresalía Villarruel, se aferraba orgulloso a los viejos tiempos. Por esa indisciplina el entonces ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, ordenó entonces su arresto.Aunque menciona a su abuelo como un «historiador naval», Victoria Villarruel no suele presentar a su tío, el excapitán Ernesto Guillermo Villarruel, dentro del relato de familia. Villarruel tío fue Oficial de Inteligencia del Regimiento de Infantería 3 de La Tablada durante la Dictadura. Estaba imputado en la causa El Vesubio y fue detenido en 2015, cuando iba a votar. Fue procesado por Daniel Rafecas; obtuvo luego la prisión domiciliaria y se lo declaró incapaz de afrontar el proceso. En la causa quedó acreditado que Villarruel intervino en el secuestro en Ezpeleta de Guillermina Silvia Vázquez, delegada gremial de Luz y Fuerza, quien continúa desaparecida. Muchos años después, ya en democracia, Villarruel tío consiguió un contrato en la Agencia Gubernamental de Control porteña, cuando estaba a cargo del excarapintada Juan José Gómez Centurión. El conchabo se le rescindió cuando fue detenido por orden de Rafecas. Su esposa, Susana del Valle Allio Monteagudo de Villarruel, fue por años secretaria letrada de la Corte Suprema.Regreso a escena      Antes de anunciar su candidatura, curiosamente Villarruel fue entrevistada por Pablo Sirvén en LN+. A poco de comenzada la pandemia, denunciaba que su padre, «héroe de Malvinas», había muerto por covid sin posibilidad de un velatorio corriente. Aunque de su relato se desprendía que sí había podido acompañar a su padre en la clínica, la suya se sumaba por entonces a las voces que se alzaban contra la «dictadura» de las medidas adoptadas para contener el virus en tiempos de gran circulación y baja vacunación.   «Mientras mi papá pagaba impuestos millonarios, el Gobierno vacunaba a La Cámpora», era la declaración que servía de título a la nota. Y también: “En Argentina se eliminaron a las víctimas del terrorismo”. Presentada como «activista por los derechos humanos», Villarruel volvía a tener cámara para hablar de su organización civil «Centro de Estudios Sobre el Terrorismo y sus Víctimas», de los libros que escribió (Los llaman jóvenes idealistas y Los otros muertos: víctimas civiles del terrorismo guerrillero de los 70′, en coautoría con Carlos Manfroni), del pedido de «memoria completa». Y para falsear la historia al punto de asegurar que “las primeras mujeres en hacer las rondas en Plaza de Mayo fueron las víctimas del terrorismo”.Comenzaba el operativo de «regreso a escena», tras el fallido intento del gobierno macrista: a poco de iniciada su gestión el entonces secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, la recibió en su despacho ubicado en el Espacio de Memoria de la exEsma. «Primera vez en treinta años de democracia que un funcionario nacional recibe a la ONG de las víctimas del terrorismo», celebró luego la abogada. El encuentro recibió el inmediato repudio de los organismos de Derechos Humanos, que denunciaron que el Celtyv «reivindica la caduca teoría de los dos demonios y se refiere a los 30 mil compañeros detenidos-desaparecidos como terroristas subversivos, habla de una supuesta falta de la historia completa, todas abyectas formas de encubrir a partícipes y beneficiados por el Terrorismo de Estado». El repudio escaló y Villarruel no volvió a aparecer en la escena pública, por fuera del circuito de denuncias acotado a estos organismos y asociaciones de defensa de la impunidad de los genocidas, hasta su reaparición como denunciante de «la dictadura de la cuarentena», ligada, de paso, al reclamo de «memoria completa». La «cuestión mapuche» es otro de los tópicos que ha incorporado la asociación civil de Villarruel, enlazándola por diferentes vericuetos con «el terrorismo montonero». «Otras fuerzas políticas tuvieron que cambiar su discurso político gracias a los que estamos acá, hemos triunfado también imponiendo nuestra agenda», celebró Villarruel en su discurso del Luna Park. Lo cual es una estricta verdad. Esta agenda negacionista de origen no había sido explicitada como un tópico durante la campaña. Hasta ahora. 

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/383911-victoria-villarruel-y-su-agenda-negacionista

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