Usos y abusos de los conceptos estrés y relajación

En medio de tantas presiones hay que suprimir excesos ms que fabricar entusiasmos
En medio de tantas presiones hay que suprimir excesos más que fabricar entusiasmos.

Márgenes para un cambio de vida

Las tecnologías de la salud están avanzando hacia la detección precoz de la enfermedad y en este tema han progresado de modo considerable. Sin embargo no se ha avanzado del mismo modo en la reflexión acerca de qué concepto de salud y qué filosofía de vida emerge de él.

Quizás la aparición de algunas patologías que no estaban presentes décadas atrás (depresiones precoces, anorexias y bulimias, síndromes de pánico, estrés en los niños y en sectores cada vez más amplios de la población) nos permitan decir que éste puede ser el momento para reflexionar sobre qué espera del ser humano la sociedad en la que vivimos y qué sería para esta persona una adaptación saludable.

En parte el concepto de salud dominante identifica lo sano con lo exitoso, lo eficiente, lo adaptado, lo equilibrado y por lo general este criterio de salud tiene establecidos sus formas de lograr estos objetivos. Este criterio de salud llevaría a la persona a buscar y tratar de incorporar algunos modelos (sociales, corporales, conductuales) que podrían funcionar en sintonía con su personalidad y con su cuerpo … al menos durante algún tiempo.

Escena 1La persona ha comenzado a ser afectada por algunos síntomas que la incomodan. Síntomas no demasiado graves pero suficientemente molestos -lumbalgia, gastritis, jaqueca o quizás alguna afección en la piel-., que la hacen sospechosa de estrés. Esta persona siente que no tiene la andadura atlética de algunos de sus colegas  que parecen arreglarse con pocas horas de sueño, pero la cantidad de reuniones laborales la llevan a forzar sus horarios habituales. No quiere dejar de participar de sus clases de gimnasia o danza, no desea dejar de ir de vez en cuando al cine o al teatro, de asistir a algún curso que le haga sentir que todavía tiene algunas inquietudes culturales o artísticas y por supuesto no renunciará a su vida de pareja o familiar.

Sin embargo, esta persona cree que algo deberá cambiar, aunque no lo de las reuniones después de los horarios de trabajo, ¡de eso ni hablar! Sabe que no asistir a ellas (después de todo sólo son un par por semana) lo pondrán ante el riesgo de quedarse afuera de algunas internas que se están jugando. Varios de sus colegas quizás esperen una de sus ausencias para introducirse en un área de su pertenencia.

La persona en cuestión consultará por sus síntomas a un profesional (de cualquiera de las variadas orientaciones que abundan en el mercado) que lo interrogará acerca de sus costumbres (horas de sueño, ¿alguna preocupación?, enfermedades familiares, estilo alimenticio, ¿gimnasia? ¿caminatas?, tipo de trabajo). El profesional recetará cambios puntuales (dormir más, más ejercicios, variar la dieta, menos alcohol y café) y le recordará la importancia del descanso y de la práctica de la relajación. De no ser así, lo amenazará con las mil caras del estrés.           

Escena 2Este profesional ha aprendido una serie de recetas de lo que le conviene a un organismo sano y se las brinda a su paciente con la mejor intención. Él es uno de los tantos profesionales de la cartilla de un Servicio de Salud que atiende a sus pacientes con vocación, pero que necesita cubrir un cupo para satisfacer sus demandas familiares, un cupo de más de una decena de pacientes diarios, por decir un número. Él sabe que muchas de las advertencias que le trasmite a su paciente no son aplicadas a su propia persona y siente un cierto pudor por ello.

Por otro lado, él algunas veces se plantea la pregunta de para qué tipo de vida está tratando de mejorar a su paciente y si no lo está reintegrando a un estilo de vivir que seguirá enfermándolo. Ha llegado a pensar que está contribuyendo a desarrollar más atletas del mercado y de la globalización, que personas interesadas en indagar las condiciones de existencia que las han enfermado. Él piensa que no está exento de enfermarse del mismo modo que el paciente que lo viene a consultar: comida chatarra, muchas horas de trabajo en condiciones insalubres y poca actividad física. Después de todo su paciente de qué se queja. Hoy en día tener trabajo es una suerte y la afección que padece no es tan grave. Más lo enfermaría a su paciente perder el trabajo y a él que su paciente se transforme en un insolvente o en un adepto a las medicinas alternativas. Este pensamiento tranquiliza su conciencia.     

Las capacidades personales para enfrentar de modo creativo las situaciones conflictivas son afectadas por circunstancias complejas. Paciente, pareja y profesional están atravesados por los mismos modelos de salud, por las mismas inquietudes laborales y temores que capturan la tonicidad y la desvitalizan e impiden movilizar los recursos personales para una salud de lo posible.      

Un exceso de consejos incrementa el estrés

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Las tecnologías de la salud podrían contribuir a la polución mental a través de la difusión de mensajes generales que no contemplan lo personal.

La persona sospechada de estrés no sólo deberá enfrentar el enigma que le plantea un estilo de vida que la ha llevado a enfermar en un medio que podría ser hostil a este tipo de interrogantes, sino que además sufrirá una sobredosis de reconvenciones acerca de lo que deberá hacer para no enfermar o para conservar la salud.

Las propuestas que abundan en el mercado habitualmente tienden a ignorar lo que la persona puede y quiere, lo que su ambiente permite y tolera y lo que la situación aconseja para ese momento. De tal modo, las tecnologías de la salud podrían contribuir a la polución mental a través de la difusión de mensajes generales que no contemplan lo personal, con verdades relativas transmitidas como absolutas. La persona sospechada de estrés, frágil por esta condición, alejada de su propia voz interior que se le ha hecho poco confiable, quizás no esté en condiciones de distinguir qué es lo bueno que se le ofrece y cómo diferenciarlo de propuestas menos saludables. Con la intención de mejorar la calidad de vida que llevaría al estrés, las tecnologías de la salud podrían contribuir a contaminarla.

Otro consideración a tener en cuenta es que la mayoría de las sugerencias que pululan en el ambiente instarán a la persona a llevar su cuerpo al descanso, a la relajación, al descarte de pensamientos negativos, a la reducción de la intensidad de algunas pasiones. Es decir: suprimir excesos más que fabricar entusiasmos.  

Relajación: riesgo y beneficio

Escena 3La persona sospechada de estrés será invitada a buscar en la relajación un aliado. A través de esta práctica intentará llevar sus músculos al reposo y cederá el peso del cuerpo en dirección al suelo buscando no luchar contra la gravedad, abandonándose de a poco. El cuerpo se hará pesado, propicio a la quietud, al recogimiento, al descanso o al sueño.

A esta persona le han informado que para intentar este tipo de relajación deberá procurar condiciones adecuadas: lugar y horarios apropiados y una conducción especializada. Que la relajación no es una práctica inocua. Esta persona así relajada alcanzará un estado de pesadez y somnolencia como el que se logra cuando se está próximo al dormir. Dormidas las razones,  acalladas las pasiones.

Durante este estado saludable, un ruido y hasta el llanto de un bebé o la visión de las imágenes tortuosas de las noticias que la te no le escatima, podrían provocar un sobresalto, una inquietud, una ligera taquicardia.

El cuerpo “relajado” está con la guardia y el tono bajos, con el luchador/a interior en reposo y sin las conductas apropiadas, que con motores encendidos dispondría. Es el riesgo de este tipo de relajación: dejar a la persona inerme para enfrentar la lucha por el diario vivir y con los reflejos adormecidos para actuar y sentir  convenientemente.

¿Acaso si esta persona hubiera ingerido un somnífero se le aconsejaría que condujera  su coche por una avenida muy transitada?Sin embargo, las sugerencias de relajación son las barajas que se juegan cuando se cree que la persona sufre un estrés, un agotamiento del tono.

Relajación  es lo que le aconseja el médico, cuando le cuenta de sus dolores de cabeza o de su estreñimiento o de su miedo a viajar en colectivo; sus compañeras/os de oficina cuando la ven ansiosa por finalizar a tiempo un informe; sus amigas/os, cuando la ven desencantada ante una muestra de desamor; sus familiares cuando golpetea con los pies en el suelo marcando algún ritmo desconocido o su perro cuando lo acaricia con demasiada fuerza.

Pero si la persona ya ha terminado su jornada laboral y se dispone al ronroneo del hogar ¿qué tendría de malo aquietarse y dejar que la “ambición descanse”? Por el contrario, sería lo indicado, junto con otras acciones como desenchufar el teléfono, amordazar a la familia, incendiar el televisor, hojear una novelita rosa e irse a dormir.

La relajación tiene otras ventajas que la de poner a la persona al filo de la cama: las de desplegar los canales de la sensibilidad y predisponer a ensoñaciones. Algunos poetas o pintores exaltan las fronteras entre el sueño y la vigilia como puertas a la inspiración, a la creatividad. Momentos mágicos de defensas bajitas para hacer danzar al duende interior.

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