‘¿No hay medicina alternativa prepaga?’

Telam SE

¿No hay medicina alternativa prepaga?

A pesar de que la lista de prácticas medicinales alternativas es infinita e incluye Reiki, aromaterapia, cromoterapia, eutonía, fangoterapia, músicoterapia, medicina ortomolecular, acupuntura, magnetoterapia, curroterapia, billetemetría y miles más, es llamativo que no se hayan organizado y tengan una medicina alternativa prepaga. Es todo cash. O débito. Y eso me hace dudar si estoy ante la alternativa a la medicina tradicional, científica, o si es una práctica a la que recurrimos cuando no hay más alternativa. Una especie de medicina blue.

Ojo: la medicina tradicional también puede ser alternativa: si no te gusta lo que te dice el médico, buscás a otro, una “segunda opinión”. ¿No es eso una alternativa?

Es que en definitiva, la medicina y sus alternativas, vienen del mismo lugar del fondo de la historia: del brujo de la tribu que te curaba con macumbas, gualichos y olor a pata. O no te curaba. Y le echaba la culpa a los dioses. Que se ve que no sabían tanto de medicina como el brujo.

A favor de la medicina alternativa, todo suena mejor: es mejor “aromaterapia” que “colonoscopía”. Suena más lindo “Sanación pránica” que “polipectomía”. Incluso “Locomía” suena más divertido.

En serío: Pensá en la palabra “reflexología”. ¿A qué te suena? A mi, a que te curás reflexionando y te ahorrás los remedios. ¿Qué mejor que curarte escuchando música de Fito Páez al hacer “Fitoterapia”? O “Auriculoterapia”, ese nombre es estimulante, ¿o no te predispone mejor que “proctología”?

Una de las cosas que me hacen dudar de la medicina alternativa son los lugares donde atienden: En las grandes ciudades tienen consultorios fashion, demasiado fashion, pero en los pueblos más chicos, te atienden en el living, en el patio, o incluso en el ñoba. Y eso si no tenés que viajar 40 kilómetros en caminos de tierra a lomo de burro para que te atiendan en un rancho de dudosa asepsia, en el que hay una cacerola humeante que no se sabe si es medicina, un brebaje o un pucherito. 

Otro dato en contra de la credibilidad de las terapias alternativas es que, aparentemente, curan todo. Como que se pusieron a leer los síntomas de Wikipedia, los recopilaron, y te curan todo. ¿Es posible curar el dolor de cabeza, el reuma, los callos, el estrés, el acné, el mal de ojo, las hemorroides, la impotencia y el complejo de edipo todo con un mismo gotero?

Seguramente los de cierta edad recordarán que cuando éramos chicos – o sea, yo soy de cierta edad -, había un remedio universal que servía para todas las enfermedades habidas y por haber: La Seven Up. Fiebre, sarampión, tos convulsa, empacho, fractura de muñeca, sabañones, terraplanismo, lo que fuera, tu vieja agarraba un vaso de Seven Up, una cucharita para sacarle el gas… ¡y santo remedio! Lo que nunca entendí es como no vendían la bebida sin gas, directamente, si era tan buena para todo. 

Muchos creen y está bien. Incluso les hace bien. Y está bien. Otros, muchos, se prenden porque tiene como un cierto aire de sofisticación el hecho de utilizar una terapia alternativa. No es lo mismo decir “ayer fui al otorrinolaringólogo por que andaba mal del oído” que “ayer fui a que me hicieran una rehidratación del colon”. La segunda opción es mucho más “cool”, aunque si se hizo rehidratar el colon por que le dolía el oído, se me ocurren dos opciones: a usted le gusta llegar a la solución por el camino más largo, o no tiene muy clara la anatomía del ser humano.

Yo creo que, al contrario de lo que se podría pensar, mucha gente le tiene miedo a las terapias alternativas por culpa de la televisión. Después de mirar cuatro o cinco horas de algunos canales de cable, todo es sospechoso. La energía de las pirámides, la cara del supuesto profesional, el estado mental del especialista… En cambio, ves la propaganda de los remedios de los laboratorios y es otra cosa: gente linda, sana, sonriente, y hasta te ponen gráficos de cómo te descongestiona la píldora, y entonces vos pensás: “¡Pucha! Hasta tienen gráficos de cómo funciona. ¡Debe ser buenísimo!” En cambio los otros usan vinchas, aritos, piedritas, y parecen una cruza del Rey Carlos con… el Rey Carlos, todos teniendo un muy mal día (por no haber tomado la medicación).

Sin embargo, insisto: si te funciona, avanti. Nadie tiene la verdad absoluta. Porque parecería ser que la disyuntiva es creer o reventar. Lógicamente, siempre es mejor NO reventar y es mucho más tentador prender una vela, que una visita al ginecólogo para un pap. Eso si: si el ginecólogo te espera con una vela, salí corriendo en busca de otra alternativa.

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