Mónica Benicio: “La verdadera justicia por Marielle sucederá cuando todas las Marielles puedan florecer libremente” | Entrevista a la concejala de Río de Janeiro; viuda de la joven política asesinada en 2018

El encuentro con Mónica Benicio se concreta en un mediodía húmedo y primaveral del microcentro porteño, en el hall del hotel donde se realiza la Conferencia Regional de la Mujer de América Latina y el Caribe a la que ella fue invitada a participar. A la hora pautada para la entrevista, Mónica envía un mensaje avisando que está en el “metro” y se disculpa por llegar unos minutos más tarde. Un rato después explica que la demora se debió a la visita que realizó a la estación de subte Río de Janeiro, en donde el año pasado se inauguró una placa en homenaje a su compañera, la activista y concejala Marielle Franco, asesinada en 2018 por un crimen político de gran conmoción y repercusión internacional.

Desde ese entonces, la vida de Benicio cambió por completo. Sin embargo, la tristeza que tiempo atrás se reflejaba en sus ojos ya no es la misma. Y no porque el dolor haya desaparecido, sino porque algo adentro suyo pareciera haberse modificado. Algo que ella, además, confirma con sus palabras: “Haber vivido todo eso le dio otro sentido a mi vida, y de repente me encontré resignificando esa pérdida, viendo como el duelo se iba convirtiendo en una lucha”. Esa certeza también se ve en sus acciones: hoy Mónica es, al igual que lo fue Marielle, concejala de Río de Janeiro, se ha convertido en una importante activista por los derechos humanos y la militancia feminista y disidente constituye sus días.

Quizás por eso, cuando Benicio habla sobre la posibilidad de que ahora con Lula como presidente finalmente se logre hacer justicia por Marielle Franco no se conforma solo con eso, sino que se anima a ir un poco más allá: “La verdadera justicia por Marielle solo sucederá cuando logremos construir un país en donde todas las Marielles puedan florecer libremente y no sean asesinadas para dar un mensaje político de temor a la sociedad”.

-¿Cómo analizás las últimas elecciones en Brasil?

– Creo que fueron una de las elecciones más difíciles en la historia de nuestra democracia. Esto se vio reflejado en el resultado y en la muy ajustada diferencia que hubo entre los candidatos. Sorprende que casi la mitad de la población siga creyendo que la política bolsonarista es un camino posible para la sociedad, porque durante los cuatro años que duró su presidencia tuvimos un Gobierno que operó con la muerte, a través de la violencia, de los discursos de odio, de las noticias falsas que se difundieron desde la campaña de 2018 hasta el final de su mandato. Fueron años muy duros, porque además tuvimos la pandemia y eso significó el asesinato de casi 700 mil personas por parte de un Gobierno y un Jefe de Estado absolutamente displicentes frente a una de las mayores crisis de nuestras generaciones.

-¿Creés que los medios hegemónicos de comunicación y los grandes poderes económicos y financieros del país tuvieron alguna influencia en ese resultado tan ajustado?

– Los sectores económicos y financieros de Brasil son muy fuertes y sí, obviamente creo que tienen una articulación y una influencia directa en los resultados de las elecciones. Bolsonaro quiso gestar un país basado únicamente en las élites, gobernó para ellas, y eso terminó hundiendo a Brasil en una gran crisis económica que se acentuó con la pandemia. Fue un presidente que se ocupó de retirarle todos los derechos a la población pobre, a las mujeres, al movimiento LGBTIQ+, a las poblaciones negras e indígenas, y también de generar múltiples violencias y ocasionar un gran daño al medio ambiente con el aumento de la deforestación del Amazonas y con su negacionismo frente a la crisis climática.

–Hay una sensación de que la victoria de Lula restituye la democracia en Brasil, ¿no?

– Sí, creo que el resultado en las urnas tiene que ver con un pueblo que pudo volver a expresarse democráticamente, porque antes de todas las tragedias que creó Bolsonaro también veníamos de un proceso muy duro desde el impeachment. Entonces que Lula haya sido elegido ahora habla de que la mayoría de la población brasileña ya no acepta al bolsonarismo como una idea política, sino que quiere un proyecto de sociedad más justo e igualitario. Y sin duda hoy es Lula quien más representa eso, y no justamente por ser una amenaza comunista, como tanto temen los bolsonaristas, porque tanto el PT como el propio Lula tuvieron que hacer muchas concesiones y alianzas para poder construir un frente amplio que derrote a Bolsonaro. Pero bueno, así es el juego de la democracia, se deberá establecer un diálogo con la centro derecha para volver a reconstruir al país, pero no con la ultraderecha que dialoga con el fascismo y el bolsonarismo.

— Claro, porque Bolsonaro se fue pero el bolsonarismo sigue…

– Exacto, sabemos que tenemos cuatro años muy difíciles por delante, y creo que en ese sentido la preocupación es pensar cómo vamos a hacer para volver a encantar a la gente con la política institucional, para volver a dialogar con las personas que han dejado que su sentimiento de antipetismo sea mayor que sus sentimientos democráticos. Porque yo no creo que casi la mitad de la población brasileña sea fascista, sino que lo que nos falta es incentivar políticas públicas que sean efectivas, principalmente en el campo de la cultura y la educación, para que podamos producir Memoria, Verdad y Justicia y así tener una población que pueda entender que Bolsonaro nunca será un camino razonable para un proyecto de sociedad saludable.

-¿Qué expectativas te genera el nuevo Gobierno de Lula?

– Quisiera que sea un Gobierno que discuta sobre políticas públicas para las mujeres y la población LGBTIQ+, que ponga sobre la mesa el debate sobre la legalización del aborto, y que las mujeres sean representadas con banderas feministas, porque no es suficiente con ser mujer para estar al frente de esas demandas, ya lo hemos visto en Brasil con varias mujeres conservadoras que llegaron al poder. Deseo también que la población indígena, quilombola, negra estén representadas, que el Gobierno esté verdaderamente comprometido con sus causas y no que sea una cortina de humo. Y creo que es el momento de poner en el centro de todos los debates la lucha por una sociedad antirracista, porque fuimos el último país en abolir la esclavitud, y más allá de tener la mayor población negra del mundo todavía tenemos un nivel de racismo muy grande. Y también somos un país en donde se mata a Marielle Franco y hoy, a casi cinco años del crimen, seguimos sin tener justicia.

-¿En qué estado está la causa de Marielle?

– Se ha arrestado a quienes se considera acusados de ejecutar el asesinato, tanto el tirador como el conductor del automóvil, pero aún no fueron llevados ante un jurado popular, y eso es lo que hay que hacer ahora. Y también se debe identificar quiénes fueron los que idearon el crimen. Queremos saber quién mató a Marielle y cuáles fueron las motivaciones de este hecho tan terrible que sacudió la democracia del país, porque hoy estamos admitiendo que hay un grupo político en Brasil que es capaz de asesinar como una forma de hacer política, con la certeza de la impunidad, y eso es algo inaceptable en un Estado democrático de derecho. Hasta que no se responda quién mandó a matar a Marielle y por qué, no vamos a tener una democracia plena.

-¿Hablaste con Lula sobre Marielle?

– Sí, Lula me recibió a mí y a otros parientes de Marielle en varias ocasiones, incluso lo visité cuando estuvo en la cárcel y me habló de su compromiso y su solidaridad con la causa y de que cree que dilucidarla es un hecho que contribuye a restaurar la democracia brasileña. Lo que es importante ahora es exigirle a Cláudio Castro, el gobernador de Río de Janeiro que acaba de ser reelecto, que esté más comprometido con el caso, porque lo que hizo hasta este momento, además de ser inaceptable, es profundamente vergonzoso, así que esperamos que en este próximo período demuestre más seriedad con el esclarecimiento del crimen.

-Hace un tiempo dijiste que el feminismo te salvó la vida, ¿podrías explicar un poco más eso?

– El período que vino después del asesinato de Marielle fue muy duro, porque ella inmediatamente se convirtió en un símbolo de esperanza y resistencia, y a mí eso no me permitió hacer el duelo con sus respectivas fases, ni desde un lugar más privado, porque enseguida me sumergí en la búsqueda de justicia. Su muerte conmocionó a una gran parte de la sociedad que sigue indignada y que nunca lo va a aceptar, porque sabe que el mensaje político detrás de eso fue instalar el miedo social. El proceso colectivo desde entonces fue muy grande, y mi objetivo comenzó a ser poder decir todo lo que Marielle representaba como defensora de los derechos humanos, como mujer negra, lesbiana, y todas esas causas que ella defendía con su propio cuerpo y que no eran bien vistas en el espacio de poder. Empecé a hacer muchos viajes alrededor del mundo y fui muy bienvenida principalmente por el movimiento feminista y el movimiento LGBTIQ+, que tuvo mucha empatía y solidaridad con mi dolor. Y de repente me encontré resignificando esa pérdida, viendo cómo el duelo se iba convirtiendo en una lucha. Haber vivido todo eso le dio otro sentido a mi vida, por eso hoy la importancia de la militancia y de defender los derechos de las mujeres y de la población LGBTIQ+ es lo que más constituye mis días.

-¿Cómo ves el movimiento feminista en Brasil y cuánto creés que tuvo que ver con la victoria de Lula?

– El feminismo en Brasil es diferente al de Argentina porque tenemos un contexto político mucho más endurecido en algunas políticas para las mujeres y la población LGBTIQ+, y los retrocesos en esas políticas suelen ser muy violentos. Pero indudablemente fueron las feministas quienes impidieron que Bolsonaro pudiera hacer aún más retrocesos, e incluso más producciones de violencia en el país. Cuando nos levantamos en la Primavera Feminista de 2015 el feminismo ya había estado luchando contra el proceso de destitución de Dilma Rousseff, y en 2018 fue protagonista del movimiento Ele não para anunciar que Bolsonaro no era una alternativa posible para un proceso democrático. Las feministas fueron grandes protagonistas de este espacio de resistencia contra el avance del fascismo y la ultraderecha en Brasil. Y sin duda también lo fueron para el triunfo de Lula.

-¿Cómo se configura la agenda feminista para este nuevo período?

– El objetivo más importante es la legalización del aborto, un debate que si bien es antiguo para el movimiento feminista de América Latina, en los últimos años ha sufrido un gran retroceso en Brasil por el conservadurismo de sus gobiernos y sus agendas de ultraderecha y neofascistas que condujeron a la configuración de un bolsonarismo mucho más violento aún, porque también está fundado en un fundamentalismo religioso que, a su vez, está muy ligado a la política. La bancada evangelista es muy fuerte aquí, y esto hace que sea muy complicado hablar de producción de políticas públicas para la salud de las mujeres.

Volviendo a la causa de Marielle Franco, mientras en Argentina se descalificaba la figura de Cristina Kirchner, en Brasil Dilma Rousseff era destituida de su cargo por el impeachment. Dos años después ocurrió el asesinato de Marielle, una mujer que también ocupaba un cargo político, y que además era negra, lesbiana y provenía de una favela ¿Cómo analizás lo que sucede cuando una mujer llega al poder?

– Existe una descalificación general hacia las mujeres que llegan a estos espacios y cuando se trata de política es mucho peor aún, porque son lugares que suelen estar dominados por hombres blancos, heterosexuales y ricos. Entonces cuando una mujer llega al poder inevitablemente se tiene que enfrentar a todo ese sistema. Pero no me refiero a cualquier mujer, sino a aquellas que tienen un diálogo con el ámbito feminista, con enfrentar una sociedad profundamente patriarcal, machista y misógina, y que luchan por la igualdad. En 2016 nosotras ya anunciábamos que el golpe a Dilma había sido misógino, y con el paso del tiempo eso se ha ido confirmando cada vez más. La única presidenta mujer electa en Brasil fue amedrentada en un proceso absolutamente antidemocrático, y así ocurre también con otras mujeres que tienen un gran protagonismo en política. Por eso una de nuestras tareas es lograr deconstruir eso.

¿Creés que con este nuevo Gobierno se podrá hacer justicia por Marielle?

– La única razón para levantarme todos los días es creer que esa respuesta va a llegar, y pienso que ahora con Lula en el Gobierno estamos un poco más cerca de eso. Pero es preciso tener pruebas firmes para poder saber quién mandó a matar a Marielle y cuáles fueron las motivaciones. Eso es lo que debemos seguir exigiendo para que finalmente podamos tener justicia, al menos en una parte técnica, porque la verdadera justicia por Marielle solo sucederá cuando logremos construir un país en donde todas las Marielles puedan florecer libremente y no sean asesinadas para dar un mensaje político de temor a la sociedad.

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