‘Matilda, el musical’, la nueva versión de un clásico que ‘celebra la imaginación y la inteligencia’

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“Matilda, el musical”, adaptación para la pantalla de la megaexitosa obra teatral basada en el clásico del británico Roald Dahl centrada en una brillante y superpoderosa niña que a fuerza de bondad logra sobreponerse al maltrato de sus padres y de la directora de su escuela, llegará este domingo para acompañar la Navidad a la plataforma de Netflix, con una propuesta que “celebra la imaginación y la inteligencia”.

“Son cosas que en el mundo en el que vivimos son fundamentales, la consideración y el poder pensar. Creo que los temas son muy fuertes, y el hecho de que estén en un formato de entretenimiento me encanta, porque es una combinación de algo divertido y también de algo movilizante y sustancioso”, comentó en diálogo con Télam y de cara al lanzamiento el director de la cinta, Matthew Warchus.

Y es innegable que la síntesis viene de alguien que conoce bien el paño: además de ser responsable máximo desde 2015 del prestigioso y tradicional teatro londinense Old Vic, el realizador inglés fue quien en 2010 se encargó de comandar la traducción sobre las tablas de la novela de 1988, con música y letra de Tim Minchin y guion de Dennis Kelly, con puesta de la Royal Shakespeare Company.

A partir de ese momento, la obra viajó hasta el circuito del West End para saltar a Broadway y luego a países como Australia y Nueva Zelanda, Canadá, Irlanda, Filipinas, Corea del Sur, Japón y Sudáfrica. En el medio obtuvo decenas de galardones en premios como los Olivier Awards británicos y los Tony estadounidenses, y para 2013 ya había captado la atención de la industria cinematográfica para transformarla en un proyecto de película.

Warchus, quien ya había hecho las veces de director de un mismo título para ambos formatos con “Simpatico” (1999) -que contó en su versión fílmica con actuaciones de Nick Nolte, Jeff Bridges y Sharon Stone-, asumió nuevamente la tarea para contar una vez más la tierna trama de Matilda Wormwood (Alisha Weir), una muy precoz niña que se vale de su enorme capacidad para inventar historias e imaginar mundos posibles y así escapar de la falta de cariño que le demuestran sus padres (Stephen Graham y Andrea Riseborough).

Todo empeora cuando deciden que la pequeña empiece la primaria, donde el ambiente se vuelve más tétrico bajo la sombra de la aterradora directora Tronchatoro (Emma Thompson), que imparte con mano de hierro la obediencia y los castigos por doquier. Solo la adorable señorita Miel (Lashana Lynch) será quien vea el genio de Matilda, que con su compañía y el descubrimiento de su capacidad telequinética, logrará liberarse tanto a sí misma como a sus compañeritos y compañeritas de sus infancias oprimidas.

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Aunque serán inevitables las comparaciones con la primera y hasta ahora única versión en cine del libro de Dahl -la dirigida por Danny DeVito en 1996 que volvió indisociable el rostro angelical de Mara Wilson con el de la protagonista-, Warchus aseguró que aquella “no tuvo ninguna influencia”: “La admiro, es una buena película y a mis hijos les encanta mirarla, pero esto es bastante diferente, como un primo lejano”, dijo.

“La idea nunca fue reemplazarla, porque nos alegra mucho que haya dos versiones distintas que están una junto a la otra, aunque por supuesto tengan en común este personaje central maravilloso, esta pequeña heroína que consigue tanto contra viento y marea”, aseguró el realizador.

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– ¿Cómo fue el proceso de adaptar la obra de teatro a la pantalla grande?
– Fue un proceso emocionante y con un gran sentido de la responsabilidad, porque al haber estado tan involucrado en la versión para el teatro y ser lo suficientemente afortunado para ver lo bien que funcionó alrededor del mundo, era un desafío traerla a una nueva forma sin arruinarlo. La producción de teatro está específicamente diseñada para sacarle provecho a ese formato, y las películas son algo totalmente diferente, así que teníamos que entender lo que el cine hace bien que el teatro no puede, y trabajar en cómo traducir los textos. Por ejemplo, la obra tiene un estilo más caricaturesco, no tiene nada de naturalismo o sensación de realidad, y eso ayuda porque cuando la gente empieza a cantar y bailar ya está en una sintonía exagerada, mientras que el cine es más literal. Por eso quise hacer la película con un estilo de realismo mágico, con un pie en la tierra y otro afuera, metafóricamente, solo lo suficientemente exagerada para que los personajes hicieran lo suyo sin que pareciera una locura.

– Estar en la silla de director en ambos casos, ¿te obilga a sacrificar cosas que no quisieras?
– Bueno, filmamos más de lo que quedó en la película, pero eso no es inusual, y siempre hay que tomar decisiones difíciles para hacer que la película tenga la forma correcta. Es difícil de hacer cuando el material y las actuaciones son tan fuertes, pero sí me permitió liberar mi imaginación, abordé la película como si cualquier cosa pudiera pasar en ella, lo que fuera. En la etapa de preproducción era todo hipotético, y después pudimos satisfacer toda esa escala y lente imaginativas. Fue casi como si la obra estuviera explotando en la pantalla.

– Después de “Simpatico”, esta es la segunda vez que dirigís algo que ya habías llevado al teatro. ¿Como compararías las experiencias?
– Tenía casi 30 años cuando hice “Simpatico”, y ahora tengo más de 50, casi que no me reconozco a mí mismo en esa época de juventud, aunque sí recuerdo cómo fue el proceso. Pero sí pienso que lo que amás del teatro no necesariamente va a ser lo que funcione en el cine, así que tenés que tomar lo que más te gusta y abandonarlo o traicionarlo, y reemplazarlo por algo totalmente distinto. Hay una tradición en lo que es adaptar algo del teatro para el cine que es tener directores distintos para las dos versiones, y tiene sentido, porque tenés que tener otra cabeza y otro corazón para tratar el material. Sabía que tenía que hacerlo, me forcé a mirar la obra original y soltarla, a pensar con otra perspectiva sobre ella. Si te aferrás a lo teatral, te vas a encontrar con varios problemas.

– ¿Qué dirías que hace que “Matilda” sea un clásico tan atemporal?
– Es claramente una historia universal e inspiradora, sobre la bondad y sobreponerse a la maldad, al bullying, a la intimidación. Es una historia sobre la liberación, y en esta versión ese es totalmente el tema principal, el de romper cadenas y encontrar a alguien que te ama por quien sos, que te permite ser la mejor versión de vos mismo. El nombre Matilda significa “poderosa en batalla”, y creo que es inspirador cuán fuerte y valiente es este personaje. A todos nos encanta ver la trama de David y Goliat, y además es una propuesta que realmente celebra la imaginación, la inteligencia. La idea era ofrecerle esto a una audiencia lo más grande posible, para los más chicos y para los adultos, porque creo que le habla al niño interno que todos llevamos dentro.

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