Los caminos del Papa para alcanzar la paz entre Rusia y Ucrania | En febrero próximo se cumplirá el primer año del conflicto

Desde Roma

El próximo 24 de febrero se cumplirá el primera año de la guerra entre Rusia y Ucrania. Hasta el momento el conflicto armado ha dejado más de 150.000 soldados rusos y ucranianos muertos además de unas 40.000 víctimas civiles, según estiman distintas fuentes. Desde un primero momento el papa Francisco busca espacios que permitan alcanzar el diálogo primero y luego la paz. Por ahora sus esfuerzos no están dando los resultados buscados. 

En búsqueda de la paz

Francisco habló en un primer momento de un alto el fuego con el embajador ruso ante el Vaticano, Alexander Avdeev, a quien conocía desde hacía tiempo y con quien tenía buenas relaciones. El Papa fue a visitar de sorpresa la embajada rusa el segundo día de la guerra. “Le pedí al embajador que refiriera a Putin que yo estaba dispuesto a viajar a condición de que me concediera una pequeña ventana para negociar”, contó Francisco tiempo después.

Desde entonces el Papa argentino ha realizado cerca de una intervención al día contra la guerra en Ucrania en los últimos once meses. Esas intervenciones fueron reunidas en un libro, “Casi una Encíclica sobre la Paz” de Francesco Grana, recientemente publicado.

Entre otras actividades a favor de la paz, el 25 de octubre el Papa se reunió en el Coliseo de Roma “para rezar por la paz en Ucrania y en el mundo”, junto a los representantes de iglesias cristianas, judías y musulmanas. Fue uno de los eventos de “El grito de la paz” un congreso organizado por la organización católica Comunidad de San Egidio, del que participaron representantes de las distintas religiones además del presidente francés Emmanuel Macron y el de Italia, Sergio Mattarella.

Según fuentes citadas por la prensa italiana, aunque sin nombres, los intentos del Vaticano de abrir negociaciones continúan hasta hoy, pero a través de contactos estrictamente reservados.

Esta semana el secretario de Estado vaticano, es decir el número dos de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, hablando con la prensa reconoció que después de más de 10 meses de guerra, “no hay muchas condiciones para iniciar un diálogo” pero agregó: “el Vaticano está siempre disponible para tener una mesa de encuentros entre las partes”. La intención vaticana es “ofrecer un espacio donde las partes puedan encontrarse y empezar un diálogo sin precondiciones. Son ellos los que deberán determinar la metodología de trabajo y los contenidos”, precisó.

Sin embargo, aunque nada definitivo se había dicho, trascendió días pasados que la portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores ruso, Maria Zajarova, rechazó la idea de que el Vaticano pudiera ser mediador. Haciendo referencia a ciertas declaraciones del Pontífice a la revista jesuita América de los Estados Unidos, donde había criticado la crueldad de los soldados buriatos y chechenos en Ucrania, Zakharova dijo: “Temo que los hermanos buriatos y chechenos, además de nosotros, no lo apreciaríamos. Por lo que recuerdo, no han habido palabras de disculpas de parte del Vaticano”. “El 28 de noviembre he expresado indignación al vértice del servicio diplomático vaticano -dijo de su parte el embajador ruso ante la Santa Sede Avdeev a la agencia rusa Tass- por las extrañas declaraciones atribuidas al papa Francisco”.

Por otra parte, el Papa argentino se había dirigido directamente al “presidente de la Federación Rusa” en su plegaria del Angelus, el domingo 2 de octubre, para “suplicarle” que cesara, también por amor a sus propio pueblo, “la espiral de violencia y muerte” en Ucrania.

Además, según diplomáticos rusos, una visita del Papa a Rusia “está fuera de discusión” porque las relaciones entre el Vaticano y la Iglesia Ortodoxa Rusa “están muy tensas”.

En cambio la posibilidad de que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, actúe como mediador aparece como más factible. De hecho, en Estambul han mantenido nuevos diálogos entre exponentes rusos y estadounidenses, incluso de los servicios secretos, que han discutido sobre distintas “cuestiones difíciles”, informó la agencia rusa Tass. Los encuentros se realizaron pocos días después del acuerdo sobre el intercambio de prisioneros, la basquetbolista estadounidense Britney Griner, arrestada en Rusia por ingresar a ese país con cartuchos de marihuana para vaporizador, y el ruso Viktor Bout, detenido en Estados Unidos por tráfico ilegal de armas.

Qué hacer para detener la guerra

Mientras tanto, bajo el título de “Europa y la guerra. Desde el espíritu de Helsinki a las perspectivas de paz” la embajada italiana ante la Santa Sede organizó un encuentro que contó, entre otros, con la participación del cardenal Parolin.

“La guerra es un error y un horror”, dijo el cardenal Parolin en el encuentro. “Repito el llamamiento del papa Francisco a favor de la paz, para que se haga uso de todos los medios diplomáticos posibles”, añadió, subrayando que “preocupa mucho el aumento del armamentismo” dado que ese dinero “podría en cambio usarse para poner fin al hambre en el mundo y acabar con la desocupación”. Según Parolin es necesario “elaborar un nuevo concepto de paz internacional, realizar nuevas reglas para las relaciones internacionales que ahora son inconsistentes, tener coraje y constancia y apuntar a la paz, al diálogo y a la cooperación: una nueva Helsinki podría rejuvenecer las ideas de paz”.

Firmados el 1 de agosto de 1975, los Acuerdos de Helsinki consagraron la inviolabilidad de las fronteras europeas y rechazaron todo uso de la fuerza y toda injerencia en asuntos internos así como el respeto de los derechos humanos. En pleno período de la llamada Guerra Fría, los acuerdos fueron firmados por 35 países, entre ellos todos los europeos a excepción de Albania, además de Estados Unidos, Unión Soviética y Canadá. “Una barbarie fratricida está sucediendo. Volvamos al espíritu de Helsinki. Nunca más a la guerra, nunca más”, concluyó Parolin.

Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, una reconocida organización católica que lleva a cabo proyectos de solidaridad y que ayuda en muchos países pobres del mundo, afirmó que “si queremos la paz tenemos que saber qué Europa queremos. Para mirar hacia el futuro es necesario congelar la guerra”. Una tregua para Navidad, dado que se trata de países cristianos, “sería un paso importante” para enfriar el conflicto y poder mirar hacia el mañana”, indicó. 

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