El gigante químico Basf reduce sus operaciones en Alemania y desembarca en China | Las consecuencias de la crisis energética derivada del conflicto entre Rusia y Ucrania

La crisis energética está llevando a la industria europea a situaciones límite. Algunas empresas se ven obligadas a cerrar líneas de producción, mientras que otras eligen salir del continente buscando energía más barata y menor volatilidad en los mercados. Tal es el caso de Basf, el gigante químico alemán que planea un ajuste en su país apostando a China con la instalación de una gigantesca planta en la ciudad de Zhanjiang, que tendrá capacidad para producir anualmente 60 mil toneladas de compuestos plásticos de ingeniería.

Las desafiantes condiciones en Europa están poniendo en peligro la competitividad internacional de los productores europeos y nos obligan a ajustar nuestras estructuras de costos lo antes posible”, advirtió el director general de Basf, Martin Brudermüller, en un comunicado. Las condiciones a las que refiere Brudermüller derivan del conflicto entre Rusia y Ucrania, que le viene significando a los alemanes un cambio drástico en su esquema energético.

Hasta el inicio de la guerra, más de la mitad del gas que compraba Alemania provenía de Rusia. Pero en agosto de 2022, el grupo ruso Gazprom dejó de enviar gas a través del gasoducto Nord Stream, y para suplir ese faltante, Berlín tuvo que comprar gas y otras fuentes energéticas alternativas en el caro mercado al contado. Eso generó un importante aumento en los precios para los consumidores: el gobierno dispuso en diciembre asumir de manera integral las facturas de gas de los hogares a la espera de aplicar nuevas medidas el año entrante.

Caída económica y ajuste

La fábrica de Basf, la industria química más importante del mundo, está ubicada en la ciudad alemana de Ludwigshafen. Se trata del establecimiento industrial más extenso de Europa –10 kilómetros cuadrados-, un centro de producción con dos mil edificios y 40 mil empleados. Pero la crisis energética está generando una caída pronunciada de sus ganancias.

De acuerdo al balance del tercer trimestre de 2022, la rentabilidad de Basf descendió un 27,5 por ciento respecto al mismo periodo de 2021. La multinacional reconoció que los costos de sus plantas en Europa deben reducirse “permanentemente” por una triple causa: lento crecimiento, elevados costos energéticos y exceso de regulación. Según describía Brudermüller al Wall Street Journal a finales de junio, Basf es “una empresa amenazada por los cortes de gas natural”.

La gerencia de Basf lanzó recientemente un programa de austeridad que se implementará entre 2023 y 2024, en el que los ajustes de precios y costos no parecen alcanzar. A fines de octubre, el portal conservador Deutschland Kurier alertaba que “¡el éxodo industrial temido por muchos ha comenzado! Como consecuencia de la locura de la transición energética, la crisis del gas alimentada por las sanciones a Rusia y el acoso burocrático de Bruselas, ahora los Verdes y la Unión Europea pueden anunciar un primer gran ‘éxito’: el gigante químico alemán Basf quiere trasladar partes importantes de su producción de Europa a China y planea recortar puestos de trabajo en la planta de Ludwigshafen“.

Ya a mediados del mes pasado, una encuesta del Instituto de Investigaciones Económicas de Munich mostró que una cuarta parte de las empresas alemanas planean recortar puestos de trabajo debido al aumento de los precios de la energía.  Por ese motivo, el 57 por ciento de las compañías declaró que quería posponer las inversiones planificadas para los próximos meses.

El de Basf no es un caso aislado. El último balance de la empresa francesa Michelin, especializada en fabricación de neumáticos, arrojó el mismo resultado: déficit en Europa y superávit en otros mercados. Este contraste también lo sufre otra compañía alemana, Mercedes Benz. El fabricante de coches admite en sus últimos resultados que su negocio en Europa se está debilitando por la crisis energética. De los 530 mil coches que vendió a nivel global durante el 2022, un 42 por ciento de las ventas proceden de China.

China, ¿oportunidad y amenaza?

En las últimas décadas, China ha sido el principal mercado para la mayoría de los productos de exportación alemanes y las relaciones comerciales se siguen ampliando. En septiembre de este año, Basf abrió una gran planta de producción en Zhanjiang,  sur de China. Para 2030 se destinarán diez mil millones de euros a esa planta y se espera que dos tercios del crecimiento de Basf procedan del gigante asiático a fines de esta década, según el diario China Daily.

El viernes pasado el canciller alemán, Olaf Scholz, declaró su intención de seguir desarrollando el vínculo comercial con China luego de reunirse en Beijing con el presidente chino Xi Jinping. “No estamos de acuerdo en desvincular las relaciones económicas con China, pero está claro que para nosotros ello está vinculado a relaciones económicas equitativas“.

Scholz, que viajó a China acompañado de una delegación empresarial de su país en la que figuraban representantes de firmas como Deutsche Bank, Siemens, BMW y Basf, subrayó que en los últimos tiempos el comercio con China se volvió más difícil para Alemania por “el acceso al mercado, muy abierto por la parte europea, mientras China excluye muchos sectores”

Aún reconociendo los beneficios del vínculo comercial con China, el canciller alemán se hizo eco del malestar que provino desde distintos sectores políticos y empresariales por su visita a China.

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