Del intento de asesinato a Jacques Chirac al atentado a Cristina Kirchner: La irradiación al mundo de las ultraderechas de Francia 

    

Desde París

Hay hechos distantes en el tiempo y la geografía, pero unidos por un denominador común. ¿Qué hay de convergente entre el intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, la tentativa de asesinato del difunto presidente francés Jacques Chirac en el año 2000 y el cobarde asesinato en marzo de 2002 del jugador argentino de rugby Federico Aramburu en el Barrio Latino de París ?. En cada caso aparecen implicados los grupos de la ultraderecha. Estos radicales han evolucionado mucho con el tiempo, sobre todo en sus formas de vestir. Sin embargo, en Francia, siempre han estado celosamente vigilados por los servicios de seguridad del Estado. En muchos casos están considerados como aún más peligrosos para la democracia que el islamismo radical. Suelen ser muy violentos y, a veces, animados de un auténtico programa de insurrección armada.

 En 2021, la Dirección General de la Seguridad Interior y los gendarmes de la Oficina Central de la lucha contra los crímenes contra la humanidad desmanteló el grupo “Recolonización” y arrestó a sus militantes (entre ellos un gendarme). ”Recolonización” estaba convencido de la inminencia de una guerra civil desencadenada por la presión migratoria y llamaba a sus adeptos a prepararse en grupos armados para esa guerra. Entre 500 y 600 personas que pertenecen a la galaxia de la derecha radical son objeto de una vigilancia especial por parte de algo más de 100 agentes especializados dentro de la Dirección central de la información exterior (DECRI) y bajo la dirección de la división “subversión violenta”. Estas unidades también vigilan a la extrema izquierda. Sin embargo, como lo reconoce anónimamente un miembro de estos servicios, ”hoy, la verdadera preocupación es la extrema derecha”. 

La tela de araña policial que rodea a la derecha radical es enorme y, pese a ello, no basta para prevenir todos los actos violentos, ni para encontrar a los miembros de estos grupos implicados en crímenes diversos y fugitivos desde hace varios años. Por desgracia, el 19 de marzo de 2022, el jugador de rugby argentino Federico Aramburu se cruzó con uno de esos ultras prófugos y ello le costó la vida en pleno Barrio Latino de París. A eso de la seis de la mañana, en el bar Le Mabillon (Saint-Germain-des-Près), un incidente racial opuso a Aramburu y otro jugador de rugby que lo acompañaba, Shaun Hegarty, a dos clientes que tuvieron palabras despreciativas contra una persona sin domicilio. Aramburu intervino para defender al vagabundo sin saber que los otros dos individuos eran pesos pesados de la extrema derecha de 27 y 30 anos, Loïk Le Priol y Romain Bouvier, ambos prófugos. El altercado verbal termino en violencia física. Los dos ultras se fueron y Aramburu y su colega regresaron al hotel donde estaban hospedados. Pero los dos radicales regresaron en un auto y, en un acto de una cobardía inaudita, ultimaron a balazos al jugador argentino en el Boulevard Saint Germain. Cuatro balazos cada uno. El que disparó primero, Loïk Le Priol, fue arrestado semanas más tarde en la frontera con Hungría. Ex militar, Le Priol era miembro del movimiento de extrema derecha GUD, Grupo Unión Defensa, al igual que Romain Bouvier, sobre quienes ya corría una orden de captura internacional por otros delitos. Ambos habían participado en la tortura y la humillación (filmada) de un ex jefe del GUD, Edouard Klein.

Romain Bouvier tenía dos caras. Culto lector y estudiante de derecho de día, de noche se convertía en un rudo militante del Grupo Unión Defensa cuyos credos son el combate, las armas, les expediciones punitivas contra los simpatizantes de la izquierda y los extranjeros no europeos. Jérémie, un ex allegado al GUD, cuenta que “estábamos unidos por el sentimiento de tener una misión que era depurar a Francia de los extranjeros y combatir como fuera la ideología extremista de izquierda. Esa misión nos enceguecía. No veíamos el límite entre legalidad e ilegalidad. La meta lo justificaba todo y, además, la cultura interna al grupo nos convertía en camaleones. Podíamos ser finos, atentos, llamativamente educados, pero, en el fondo nuestro, el demonio estaba ahí esperando para actuar”. 

El Grupo Unión Defensa fue creado en 1968 como una suerte de sindicato para “contrarrestar la influencia de la izquierda”, cuenta Jérémie, sobre todo “en las universidades francesas, que son un nefasto nido de izquierdistas deplorables”. El GUD funcionó como una red, como una suerte de gran familia cuyos lideres más influyentes gravitaron en torno a la familia fundadora de la extrema derecha francesa, los Le Pen, tanto en torno al padre, Jean-Marie Le Pen, como la hija, la ex candidata presidencial y actual líder y diputada del partido Reagrupamiento Nacional, Marine Le Pen. El GUD tuvo una gran cercanía y visibilidad en el entorno muy cercano del partido y de Marine Le Pen. Los escándalos político financieros que sus miembros protagonizaron los llevaron a desaparecer del primer plano sin perder por ello la influencia ideológica.

Intento de asesinato de Chirac

En total, en Francia hay 1.500 personas de la extrema derecha fichadas como “S” por la policía, es decir, buscadas, peligrosas, contagiadas por el islamismo radical, con ideas de extrema derecha violenta o de extrema izquierda. Laurent Núñez, ex coordinador nacional de la información y de la lucha contra el terrorismo (hoy es el Prefecto de París) advirtió en numerosas ocasiones a su jerarquía sobre “la peligrosidad activa de esos grupos”, a menudo armados hasta los dientes. De ese mundo salió Maxime Brunerie, el joven que, a los 25 años, durante el desfile militar del 14 de julio de 2002, intentó matar el entonces presidente Jacques Chirac. Horas antes dejó un mensaje en el foro en línea neonazi Combat 18 donde decía: ”el domingo miren la televisión. La estrella seré yo. Muerte al ZOG 88” (Muerte al gobierno sionista. Her Hitler). Brunerie se ocultó entre la multitud que asistía al desfile. Había escondido una carabina rifle 22 en un estuche de guitarra. Con ella le disparó al presidente dos veces, pero falló el tiro. Cuando se dio cuenta de que erró el disparo quiso suicidarse, pero la gente a su alrededor lo impidió. 

Maxime Bruneri militó en los movimientos de extrema derecha Partido Nacionalista francés y europeo (PNFE), Movimiento Nacional Republicano (MNR) y Unidad Radical. Su caso es destacado, no solo porque probó asesinar a un jefe del Estado sino, además, porque está considerado como una de los primeros y supuestos “lobos solitarios” manipulados o contaminados a través de las nebulosas racistas que surgieron en internet. Bruneri era un asiduo abonado del portal racista SOS Racaille, en donde, según la investigación, lo “inspiraron” a cometer el atentado. Allí, como nunca, han logrado difundir sus ideas. Un libro muy completo, La esfera fascista: ”Como la extrema derecha ganó la batalla de internet (La Fachosphère: Comment l’extrême droite remporte la bataille d’Internet), analiza el extraordinario impacto que ha tenido la ultraderecha gracias a internet. Ha sido tanto más amplio cuanto que la extrema derecha francesa copió las metodologías de su ídolo norteamericano, Donald Trump, y la de sus ejércitos virtuales que tanto le aportaron al ex presidente. El ex asesor presidencial de Trump, Steve Bannon, y su portal Breitbart News, inventaron el exitoso modelo del fake como verdad incuestionable y los ataques llenos de mentiras contra los adversarios. Las extremas derechas del mundo se inspiraron luego de ese principio.

Aunque comparten la misma ideología, no hay una sola extrema derecha sino varias repartidas en grupos diversos y animados con métodos de acción y objetivos muy distintos. El periodista Antoine Etcheto los dividió en cuatro: los monárquicos, los neofascistas, los identitarios regionalistas y los católicos integristas. Los monárquicos encarnan la rama más antigua oriunda de La Acción Francesa. Combaten para “preparar la restauración de la monarquía, el retorno del rey y el interés nacional”. La segunda familia radical es la de los neofascistas. Adoran a Hitler y Mussolini y profesan una suerte de “re arraigamiento contra el desarraigo”, es decir, contra los extranjeros y los judíos cuya presencia desarraiga a Francia. Los identitarios regionalistas son hoy la tendencia más conocida gracias a Génération Identitaire (GI), un grupúsculo que protagoniza acciones violentas porque en su seno evolucionan los neo nazis y otros radicales sangrientos. GI propone que todas las personas que no sean blancas vuelvan a sus países y se define como “una barricada sobre la cual se levanta la juventud para luchar por la defensa de su identidad”. Por último, están los católicos integristas reagrupados en una organización como Civitas cuya credo es “recristianizar a Francia”. Civitas es, sin embargo, una poderosa nube de extrema derecha que presenta la Revolución francesa de 1789 como una “impostura satánica” y adhiere plenamente a predicados nazis (fue, además, uno de los pilares de la oposición a la ley sobre el matrimonio igualitario).

Todos y sus ideas están muy presentes en los medios de comunicación, revistas (Valeurs actuelles), diarios, televisión (CNEWS), y en lo que en Francia se conoce como la “facho esfera, es decir, YouTube, portales internet (Riposte Laïque, Fdesouche, Polemia, Égalité & Réconciliation) y las demás redes sociales (Facebook, Telegram, Twitter, Tik Tok). La facho esfera tiene sus influencers célebres, sus portales incendiarios como Fdesouche (Francés de pura cepa) y sus youtuberos famosos como Thaïs d’Escufon y Papacito. Este último personaje se volvió muy popular después de haber publicado en YouTube un video con un muñeco de modelo que representaba, implícitamente, a los miembros de la izquierda radical de Francia Insumisa (Jean-Luc Mélenchon). Papacito, sin tapujos, ensenaba como ejecutarlos.

La ultraderecha tiene sus ídolos políticos, por ejemplo Marine Le Pen, el polemista y ex candidato a la elección presidencial de 2022 Eric Zemmour, o, dentro del partido conservador Los Republicanos, Eric Ciotti, sus guías ideológicos como el sociólogo Alain Finkielkraut (un ex progresista que atravesó todos los bordes), el ensayista de ultraderecha Alain Soral o el autor de la teoría del reemplazo de la población europea por los inmigrados Renaud Camus. Soral es muy influyente. Aunque fue miembro del Partido Comunista francés durante los años 90, en el 2000 cambió de ideología y de rumbo. Soral fundó el popular blog Igualdad y Reconciliación y escribió unos 20 libros donde expone sus ideas a la vez anti sistema y anti sionista.

En total, entre conocidos, menos conocidos, grupúsculos y pequeñas galaxias habría en Francia unos 60 movimientos de extrema derecha (sin contar el partido de Marine Le Pen). Las extremas derechas habían desaparecido del mapa después de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Sin embargo, a partir de los años 80 y gracias al Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen volvieron a gravitar en el espacio político. Cuando su hija, Marine Le Pen, tomó las riendas del partido hace más de 10 años transformó casi todo el arco radical. Desdiabolizó a la ultraderecha, la llevó dos veces a disputar la segunda vuelta de una elección presidencial (2017 y 2022, su padre lo había hecho en 2002) y, sobre todo, desvistió a los ultras de sus ropajes y señales características. Dejaron los puños de goma y el látigo por la corbata y los peinados acicalados. Se acabaron las cabezas rapadas, los brazos con demasiados tatuajes y las camperas de cuero. ”Hoy somos una ultraderecha con streetwear, camisas impecables, lenguaje pulcro y las mismas ideas. Nos nos reconocemos por los tatuajes o las camperas sino por las marcas de ropa que usamos. Pasamos sin ser descubiertos entre la multitud”, comenta Jean Pierre, un militante de Civitas apodado “El Papa”. 

Uno de los modelos preferidos de la ultraderecha francesa es el polo Fred Perry, cuyo diseño urbano y muy british nada tiene que ver con las camperas y los atuendos de antes. Muchos fachos utilizan las camisetas de la marca Atelier Parigot, la cual ha sabido estampillar en sus creaciones las ideas nacionalistas con sutileza. El asesino de Aramburu, Loïk Le Priol, había creado su propia marca de ropa, “Babtou solide certifié », ropa “creada por blancos para los blancos”. El sociólogo Samuel Bouron explica que ese cambio de vestuario se debe a que la extrema derecha “también está en busca de una respetabilidad que pasa, ante todo, por la ropa”. Deslizados entre la población como cualquier persona, presentes en internet con un alcance de difusión jamás visto, victoriosos en las elecciones organizadas democráticamente en Occidente, sea donde sea, la extrema derecha ha regresado y circula en el centro de las democracias parlamentarias. Solo han cambiado sus formas de presentarse ante el público. Sus ideas y su violencia arraigada siguen como sostén de su ideología.

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