Paola sacó un crédito UVA y no puede pagarlo: “Tengo dos trabajos y casi no paso tiempo con mi hijo”

Paola fue parte del “llaverazo” en el Congreso
Pasó de inquilina a propietaria y de dueña a deudora crónica sin escalas. “Con la inflación de 2019 estaría debiendo un 80% más de lo que me dieron”, contó.
Paola tiene 49 años. Vive en Florida con su hijo de 15 años. Son una familia monoparental cuya madre después de 25 años de pagar religiosamente el alquiler se subió al “boom” de los créditos hipotecarios UVA promocionados por economistas afines al gobierno de Mauricio Macri y cumplió el anhelo del departamento propio. Un año después, ese sueño es una pesadilla.

“La cuota me subió un 50% en sólo un año. No pude pagarla con mi sueldo. Tengo dos trabajos y casi no paso tiempo con mi hijo”

Ella es parte de “Somos Hipotecados UVA Autoconvocados”, un incipiente colectivo de deudores de créditos ajustados con la “Unidad de Valor Adquisitivo”. A principios de año, estaba a $21,15 y el viernes cerró a $30,12. Los que se endeudaron para comprar su vivienda permanente deben un 50% más.

La Secretaría de Vivienda de la Nación calculan que hay 130 mil deudores de UVA. De ellos, sólo 30 mil habrían quedado a fines de 2018 en condiciones de activar la “cláusula gatillo” que el sistema prevé para que las cuotas no sean impagables.

En los contratos dice que si las cuotas subieron un 10% más que el Coeficiente de Variación Salarial del INDEC, el cliente puede pedir que le recalculen los pagos con un plazo hasta 25% mayor. Esto se puede hacer sólo una vez a lo largo de toda la vida del préstamo. No obstante, la amplia mayoría no puede hacer uso de ese beneficio.

“Le pedimos al Congreso una Ley para que nos amparen. Se calcula que la inflación de 2019 será de un 30% y a fines de 2019 estaríamos debiendo un 80% de lo que nos dieron. La deuda va a ser eterna. La va a terminar de pagar mi hijo”, cuenta Paola ya desilusionada.

La mujer es empleada pública. Cuando termina su horario, prepara viandas que le vende a sus compañeros para sostener su economía no sólo afectada por la cuota del préstamo. “Con el crédito subieron los servicios, la comida y el transporte. Se hace todo cuesta arriba”.

“Hace un año que no vamos al cine con mi hijo. Vivo para trabajar”, concluye esperando una solución.