Posted on

Stefan Borghardt estudia fotoperiodismo y viajó a la Argentina para un proyecto personal, pero la policía de Neuquén le confiscó las cámaras y lo confinó a un calabozo.
Stefan Borghardt viajó a la Argentina en diciembre de 2018 para retratar cómo cambió el panorama en Vaca Muerta y el Alto Valle del río Negro desde que comenzó la actividad de fracking. Pero el lunes 7 de enero terminó encerrado en un calabozo de la comisaría 10 de Añelo, cerca del yacimiento, por sacar fotos en lo que él describió como un “basurero petrolero”.

“Vine con la idea de hacer un retrato panorámico de todo lo que está vinculado con el fracking, con el boom de los hidrocarburos, y todo lo que tiene que ver tanto en el aspecto de la contaminación como en el crecimiento de las localidades: cómo cambia la zona, cómo llega la gente a buscar trabajo”, explicó este viernes Borghardt a minutouno.com desde Neuquén.

“No vine con la idea de denunciarlo porque como periodista mi trabajo apunta a documentar, no a tomar posicion”, agregó el hombre de 28 años, que es estudiante de fotoperiodismo en la Universidad de Ciencias Aplicadas y Arte de Hannover, en el norte de Alemania.

En eso estaba a las 18 del lunes 7 cuando un supervisor de la empresa Treater Neuquén S.A. lo encontró sacando fotos en el lote 56 del predio cerca de la localidad de Añelo, en Neuquén. El hombre lo llevó a la entrada del complejo, le ordenó que borrara las fotos que había tomado con sus dos cámaras profesionales y su celular, y llamó a la policía cuando Borghardt le dijo que sólo tenía imágenes en su cámara de rollo.

“El supervisor que me llevó a la entrada del lote me dijo que no podía estar ahí porque era propiedad privada”, relató Borghardt este viernes. En su descargo viral en Facebook se explayó: “La policía me llevó a la comisaría 10 de Añelo. Durante el trayecto la oficial que estaba sentada a mi lado se metió en mi celular y reprodujo en altavoz mensajes personales enviados y recibidos sin mi autorización”, escribió.

Ya en la comisaría, el muchacho tenía prohibido usar su teléfono e hicieron caso omiso al carnet de periodista que mostró. “Me hicieron un montón de preguntas mientras la oficial labraba el acta de mis pertenencias. Cuando me apresuró para que la firmara insistí en leerlo con calma para asegurarme de que estaba todo documentado de forma correcta. Se enojó y me llevó a un calabozo, empujándome e insultándome”, relató.

querer firmarlas”, aseguró Borghardt
Twitear

Borghardt denunció públicamente que la policía llamó “a un testigo” para que firmara el acta en su lugar, que el personal lo pateó y golpeó, y que hasta un oficial lo “maltrataba con una escoba desde lejos” mientras le decía que odiaba “a todos los alemanes”.

Otro oficial le ordenó a Borghardt sacarse los cordones de las zapatillas amenazándolo con una navaja. “También me dijo que si me decían que firmara tendría que firmar, y que las cosas no funcionaba como yo me las imaginaba”, relató el muchacho. “Durante todo ese proceso yo actuaba de manera defensiva pidiéndoles que no me lastimaran”, aseguró.

“Me agredieron para intimidarme. Es como yo lo veo. Con la intimidación lograron que firme cosas sin querer firmarlas”, aseguró Borghardt este viernes. El muchacho pasó de un calabozo a otro, sufrió los constantes hostigamientos de la policía y fue liberado recién a las 22.20 del lunes no sin antes firmar contra su voluntad una serie de actas que nunca pudo leer con detenimiento.

“Me informaron que habían secuestrado todo mi equipo fotográfico, pero yo firmé igual. Firmé para salir del lugar al instante y para no meterme en más problemas. Ya había aprendido la lección de que no era el ambiente para reclamar mis derechos”, escribió Borghardt en su descargo online.

Para este viernes la policía le había devuelto sus cámaras y, tras una breve inspección, Borghardt consideró que ninguna de sus fotos habría sido borrada.

Borghardt hizo una denuncia formal ante la justicia provincial y el Fiscal General de Neuquén, José Gerez, se comprometió a investigar el caso para descubrir cómo se produjo el episodio. La causa quedó en manos del fiscal neuquino Diego Fermín Azkarate.

El espíritu de Borghardt también volvió, en parte gracias al apoyo de sus amigos en Argentina y de la Asociacion de Reporteros Gráficos (ARGRA), Reporteros sin Fronteras y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires, entre otras instituciones. “Ahora me siento empoderado y feliz de saber que en la red de periodistas de acá están fuertes”, expresó.

“Más allá de todo lo sucedido estoy conciente de que yo ahora tengo la suerte de poder hacerlo público. Me parece mi deber moral denunciar esto. Estoy en la situación de poder denunciarlo, de poder hablar. Si le puede ayudar a otros periodistas a los que les pasa esto en custodia de la policía y no tienen la posibilidad de hacerlo público, me parece importante relatarlo”, sentenció.