En el Gobierno reconocen que no hay fuerza para apretar el botón rojo

En el Gobierno reconocen que no tienen fortaleza política para apretar el botón rojo del que habla Alberto Fernández para endurecer la cuarentena ante la incesante suba de contagios en todo el país.

“El botón rojo no es algo tan simple. El riesgo de dar marcha atrás sin consenso es que la medida no tenga impacto”, admitió este domingo la viceministra de Salud, Carla Vizzotti, en diálogo con Radio 10.

En el Gobierno reconocieron que no hay consenso político ni social para apretar ese botón, que en los hechos significa volver a la cuarentena dura. Para tomar una medida semejante, Alberto tiene que revivir un pacto político que se está deshilachando.

Ese pacto roto no es sólo con Horacio Rodríguez Larreta, con quien después de meses de trabajo codo a codo que parecían demostrar una madurez del sistema político argentino pocas veces vista, ahora hay peleas hasta por la ubicación de las mesas en un bar. La ruptura también se da con el resto de los gobernadores, a los que Alberto acusa de haber sido demasiado optimistas con las aperturas.

Pero esencialmente, la ruptura es con la sociedad. Fue tan anticipada la cuarentena que ahora se da la alarmante situación de que se empieza a abrir todo justo en el peor momento de contagios -Argentina entró al top ten mundial- y muertes y cuando los terapistas advierten el eventual colapso del sistema sanitario tanto en el interior como en el AMBA. 

El acatamiento de las órdenes del presidente, que en marzo y abril llegó a superar el 90% de aceptación según algunas encuestas, quedó en el pasado. Incluso para el propio Alberto, que ya dijo en más de una ocasión que la cuarentena no existe.

El cisma con la sociedad queda en evidencia con las reacciones de la comunidad ante los intentos de los gobernadores por dar marcha atrás con las aperturas de las actividades. La más importante se sucedió en la localidad santafesina de Venado Tuerto con cientos de comerciantes y vecinos que marcharon por el centro de la ciudad con el apoyo del intendente. 

En Rosario, donde el intendente Pablo Javkin acompañó al gobernador Omar Perotti en el anuncio de las medidas, los empresarios gastronómicos protestaron contra la cuarentena. Lo de Rosario fue un claro ejemplo de que las protestas no distinguen ya el color político de los gobernantes. La gobernadora de Río Negro, Arabela Carreras, intentó volver a fase 1 en Roca y Cipolletti y tras las protestas debió recular y fijar una “cuarentena intermedia”.

El gobernador tucumano Juan Manzur dispuso el cierre de la gastronomía luego de que en su provincia subieran un 1200% los casos en un mes. Las protestas que recibió en repudio llevaron la consigna “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, la frase más temida por todo el sistema político por estas horas.

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