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Temen terminar muy abajo en las primarias y que haya un golpe de mercado. La vice radical, la apuesta para seducir desencantados.

Como en 2017, cuando llegaron a festejar un triunfo en las primarias contra Cristina Kirchner que no había existido, en el Gobierno quieren evitar una derrota categórica de Mauricio Macri en las PASO de agosto que complique el final de su mandato. 

Y el primer objetivo es sacar de carrera a tres candidatos capaces de seducir a los votantes de Cambiemos desencantados con la gestión presidencial: Roberto Lavagna, Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert.

Aunque los dos últimos parecieran aventuras políticas insignificantes, están primeros en la lista negra de los consultores oficialistas. “Si sacan 3 puntos entre los dos, se los restan todos a Macri, porque sólo apuntan a un electorado que lo votó”, explican. 

Sus discursos ratifican esa tesis: el ex jefe de la Aduana se presenta como admirador del presidente brasileño Jair Bolsonaro, repudia el aborto y la educación sexual; mientras que el economista ultraliberal recorre el país pidiendo ajustar “a la política y sindicalistas” como no se atrevió Cambiemos.  

Además, Vidal también perdería unos votos en su pelea mano a mano con Axel Kicillof, que la obligó a negociar un  acuerdo con Sergio Massa que nunca llegó.  

Lavagna daña mucho más: las proyecciones más preocupantes en la Rosada calculan que puede robarle entre 4 y 6 puntos a Macri, porque llega ciudadanos de las grandes urbes que respaldaron a Cambiemos en 2015, sufrieron la pérdida de poder adquisitivo pero siguen siendo antikirchneristas.

apuesta para seducir desencantados.

En el Gobierno quieren bajar a Lavagna, Gómez Centurión y Espert para que no le resten votos a Macri

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Por Mauricio Cantando06/06/2019

Como en 2017, cuando llegaron a festejar un triunfo en las primarias contra Cristina Kirchner que no había existido, en el Gobierno quieren evitar una derrota categórica de Mauricio Macri en las PASO de agosto que complique el final de su mandato. 

Y el primer objetivo es sacar de carrera a tres candidatos capaces de seducir a los votantes de Cambiemos desencantados con la gestión presidencial: Roberto Lavagna, Juan José Gómez Centurión y José Luis Espert.

Aunque los dos últimos parecieran aventuras políticas insignificantes, están primeros en la lista negra de los consultores oficialistas. “Si sacan 3 puntos entre los dos, se los restan todos a Macri, porque sólo apuntan a un electorado que lo votó”, explican. 

Sus discursos ratifican esa tesis: el ex jefe de la Aduana se presenta como admirador del presidente brasileño Jair Bolsonaro, repudia el aborto y la educación sexual; mientras que el economista ultraliberal recorre el país pidiendo ajustar “a la política y sindicalistas” como no se atrevió Cambiemos.  

Además, Vidal también perdería unos votos en su pelea mano a mano con Axel Kicillof, que la obligó a negociar un  acuerdo con Sergio Massa que nunca llegó.  

Lavagna daña mucho más: las proyecciones más preocupantes en la Rosada calculan que puede robarle entre 4 y 6 puntos a Macri, porque llega ciudadanos de las grandes urbes que respaldaron a Cambiemos en 2015, sufrieron la pérdida de poder adquisitivo pero siguen siendo antikirchneristas.

“Si Gómez y Centurión y Espert sacan 3 puntos, se los roban a Macri”, se preocupan en el Gobierno. Y calculan que Lavagna puede robarles 6 puntos en agosto y presionar a una corrida bancaria. 

“Es un voto que Macri recuperaría en un ballotage, pero no podemos regalarlo en agosto y quedar lejos de los Fernández”, admiten importantes dirigentes de Cambiemos. Rarezas del sistema electoral argentino: sin frentes políticos sólidos capaces de dirimir candidaturas en internas, las primarias de agosto, pensadas con ese fin, se convirtieron en una encuesta nacional para posicionar figuras ante la opinión pública.

Una derrota de Macri y Vidal ese día puede subir la temperatura de los mercados financieros, propensos a dar mensajes después de las primarias. Lo supo Cristina en septiembre de 2011, cuando vio subir la cotización del dólar después de un triunfo categórico y reaccionó con un cepo cambiario que arruinó su segundo mandato. 

En 2017, más de una voz oficial admitió que festejar el falso triunfo confundió a los operadores financieros y le facilitó a Federico Sturzenegger la renovación de las Lebac, los papelitos que el Banco Central vendía de miles de millones para controlar la inflación, con escaso éxito.

En la Rosada festejaron como un triunfo propio la ruptura de Lavagna con Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, incidente que no lo sacó de carrera pero erosionó su armado político, que ya había quedado rengo con el apoyo de la mayoría de los gobernadores peronistas a la candidatura de Alberto Fernández, incluso de quienes unos meses antes lo habían recibido para apoyarlo, como el sanjuanino Sergio Uñac.

“Urtubey le roba menos votos a Macri y Massa le resta también a Cristina, por lo tanto es una incógnita. Lavagna llega mejor a nuestro electorado”, simplifican en los operadores electorales de Cambiemos.

Para desdibujar al economista, Peña busca completar la fórmula presidencial con un radical, que podría ser una mujer a encontrar con perfil similar al de Vidal. “Sólo así puede pasar el filtro de Jaime Durán Barba”, bromean en su entorno.

Con ese binomio, intenta que los radicales olviden su idea de una interna contra Macri, le pongan el cuerpo a su reelección y no piensen en jugar a dos puntas, como especulan muchos de sus militantes.

De hecho, durante la Convención un sector propuso apoyar a Lavagna y si bien Alfredo Cornejo impuso una resolución que garantiza la continuidad de Cambiemos, en el texto final dejó abierta la posibilidad de adherir listas legislativas “a todas las listas de precandidatas/os a presidente y vicepresidente de la Nación de acuerdo con la legislación y jurisprudencia aplicable”. Nunca explicó bien qué persigue esa redacción.