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Aunque se trata de uno de los insumos más básicos de la canasta de alimentos, comprar pan en la Argentina comenzó a convertirse en un lujo privativo para vastos sectores de los trabajadores.

El pan superó los 100 pesos el kilo y cruzó así un umbral insospechado hasta no hace mucho tiempo. Muchos son los factores que influyen en la disparada del precio de, quizás, el insumo más básico de la canasta de alimentos. Y todos ellos remiten a las políticas del gobierno de Mauricio Macri.

La eliminación de las retenciones a las exportaciones de trigo acopló el precio del insumo básico del pan al precio internacional nominado en dólares. La profunda devaluación del peso impactó así de manera directa en la cotización de la bolsa de harina y a eso hubo que sumarle los tarifazos a la luz y gas que aplicó desde 2016 el gobierno de Macri y que puso en jaque toda la actividad comercial.

Estos factores sumados la disparada de la inflación y la consecuente caída de la capacidad adquisitiva del salario hicieron que la Argentina tenga hoy, en relación a su Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVM), uno de los panes más caros del mundo.

Si un argentino, que cobra el SMVM (hoy en 12.500 pesos) compra un kilo de pan todos los días habrá destinado, solo en pan, el 25% de sus ingresos.

Para tomar dimensión de la magnitud del precio que tiene hoy en la Argentina un insumo tan básico como el pan basta mirar qué es lo que pasa en otras partes del mundo.

Por caso en Francia un trabajador que cobra el salario mínimo y compra un kilo de pan todos los días habrá destinado en el mes apenas el 10% de sus ingresos mientras que en Uruguay esa relación llega al 11%.

Chile (20%) ostenta una relación similar a la de la Argentina, aunque aún así el peso del pan en el presupuesto familiar sigue siendo menor.