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La cooperativa láctea cerró su producción de quesos en la localidad  bonaerense. Los trabajadores exigen ser reincorporados. 

La cooperativa láctea Sancor cerró la planta que tenía en Arenaza dedicada a la producción de los quesos conocidos comercialmente como Mendicrim y dejó en la calle a los 22 trabajadores. La Secretaría de Trabajo dictó la conciliación obligatoria, pero desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) denuncian que a los empleados no los dejan entrar a la planta. 

La planta, que históricamente fue de Sancor, estaba a cargo de Alimentos Refrigerados (ARSA) que pertenece al grupo Vicentín, que lo compró hace más de un año luego de adquirir también las unidades de yogures, flanes y postres que se fabrican en el lugar. En la fábrica solo se cerrará la parte dedicada a la elaboración del queso crema que pasará a realizarse en Devoto. 

“Nosotros lo que reclamamos es que los trabajadores sean reincorporados a la producción y, en caso de que quieran dejar de fabricar el queso, se dediquen a otras producciones de la planta. A los trabajadores les mandaron un telegrama de despidos y no les ofrecieron el traslado”, afirmó a El Destape el abogado de Atilra Ignacio Iúdica. 

Los trabajadores tendrán una instancia de mediación con el Grupo Vicentín en la Secretaría de Trabajo para intentar llegar a un acuerdo. Los empleados denuncia que los empresarios violaron la conciliación obligatoria dictada al no dejar ingresar a los despedidos a la planta, ni tampoco permitirles que viajen en un colectivo que tiene la firma para llevarlos desde la localidad de Arenaza hasta la planta. 

“La empresa debe hacerse cargo de los trabajadores. Cuando compró la fábrica además de quedarse con las máquinas, también adquirió la mano de obra que ya tenía la planta. Ahora no pueden hacerse los desentendidos y deben reincorporar a los despedidos”, exigió Iúdica.  

SanCor atraviesa una dura crisis por los problemas financieros internos, la merma del consumo de leche que cayó a los niveles más bajos desde el 2001 y la imposibilidad de tomar préstamos. Por la gravedad de la situación, debió cerrar fábricas como la que tenía en Neuquén y otras venderlas, como fue el caso de la planta que tenía en Chivilcoy y Morteros que fue adquirida por Adecoagro por U$S 45 millones.

La crisis del consumo de lácteos llevó a que otras históricas firmas se vean afectadas. La Serenísima debió cerrar al menos dos fábricas que tenía en Las Varillas (Córdoba) y en Rufino (Santa Fe). La empresa La Verónica, que emplea a 600 trabajadores que en su mayoría denuncian que cobran en cuotas,  presentó un procedimiento preventivo de crisis.